Qué aprendí después de abandonar varios proyectos

Cerrar un proyecto no siempre es fracasar; a veces es la primera decisión honesta que se toma sobre él.

Algunos proyectos personales terminaron en carpetas con una pantalla de inicio impecable y ninguna función central resuelta. No los abandoné por falta de tecnología, sino porque nunca había definido para quién existían.

El entusiasmo no es una especificación

  • Definir una tarea concreta que el producto debe resolver.
  • Construir primero el recorrido principal, aunque sea feo.
  • Escribir qué significa terminar.
  • Limitar las tecnologías nuevas por proyecto.

Mantener veinte ideas abiertas no me daba más posibilidades; me impedía comprometerme con una.

Ahora conservo los proyectos pausados con una breve nota: por qué se detuvieron, qué aprendí y qué condición justificaría retomarlos. Eso los convierte en archivo, no en culpa pendiente.